Hay veces en que me piden consejos, aunque no me considere buena para darlos. En lo personal, para mí un buen consejo no es el que se brinda solamente, sino el que uno que lo da también lo aplica consigo mismo, que lo hace más difícil. Si la vida no tuviera problemas o retos, no tendría sentido vivirla; sería demasiado aburrida. La lucha constante que tengo que librar tiene nombre y se llama AUTOESTIMA. Muchos de los que me conocen ahora no lo saben, pero a continuación sabrán de qué se trata.
Tuve una niñez y un principio de adolescencia muy duro conmigo misma. Llegué a pesar 88-90 kilos a los 13 años y era muy complicado, más porque veía a mi hermana delgadísima, que pesaba 50 kilos, siendo edecán, modelo y candidata a miss prepa. ¿Y yo? Era una niña de primero de secundaria que usaba brasieres de señora (era 40C), llena de estrías, narizona y talla 17 de pantalón, de hecho solo tenía uno y era 15 pero me quedaba ligando. Fue horrible, nadie se fijaba en mí y yo ni siquiera sabía bien qué onda con mi sexualidad. Fuimos en mayo del 2005 ala Prom (graduación) de mi hermano y hasta mi mamá estaba adelgazando. Me deprimía ser la más gorda de mi familia y de las primas, y eso hacía que comiera más. Llegamos a Monterrey con mi hermano y empecé a hacer ejercicio. Para antes de agosto ya estaba pesando 79 kilos y había bajado dos tallas de pantalón.
Pero empecé a clavarme con el peso y las tallas. Comencé a comer a escondidas, o de plano casi no comer. O sea, tuve principios de anorexia. Aún no estaba a gusto y, llegué al grado de comer, inmediatamente después pesarme, y si había aumentado aunque sean unos gramos, iba al lavabo para meterme los dedos a la boca para vomitar (osea casi tuve bulimia), pero algo me detenía. Ya después comía menos de la mitad de lo que solía comer y llegaron más problemas: querían madrearme, iba mal en la escuela, no quería aceptar que soy gay, a mi familia no le gustaba que oyera rock, peleas con mis hermanos, etc. Todo eso hizo que me empezara a cortar a mí misma, por ahí de octubre de ese año.
Mi madre me descubrió, lo dejé y volví. Pero para abril del 2006 ya estaba más delgada (68 kg., talla 11 y 36C) y me compraban ropa nueva. Pero de ahí vendría el rebote; en menos de un año llegué a 78 kilos otra vez, y en 3ro de secundaria era odiada por casi todo el salón excepto por mi bolita. Era la niñita gorda poser. Y para mis XV me robaron las invitas y por eso casi nadie fue. Quería morirme. Y por esas fechas ya había aceptado mi gusto por las mujeres (pero según dije que era bisexual), asi que varios se enteraron.
Llegué a la prepa, vida nuevapeso nievo (81 kg.). En primer semestre sufrí mucho. De nuevo tuve ese odioso bullying por estar gorda. Y me refugié en los tostitos, nieves, tacos… Es horrible consolarse con la comida, por eso me da coraje cuando ponen inlos obesos que están comiendo y son felices por fuera, pero sólo son el morbo de empresas de comida rápida. Es que la mayoría NO son felices. Y yo no era felíz. Todo lo que sufrí por haber sido gorda. Y la verdad, cuando oigo a alguien insultar a un gordo por el simple hecho de serlo me recuerda a cuando me decían esos pendejos “marrana, estás de la verga” o “ jajaja te comprarás talla S”, “come más, come más”, entre otras codas. Pero gracias a mi mamá estuve en un tratamiento de acupuntura para controlar la insulina, porque su exceso es lo que hace engordar. Entré en septiembre del 2007 pesando 81 kilos. Para febrero 16 del 2008 pesé 66 kilos, talla 6 y 34B. Pero antes de acabar primer semestre les callé el hocico a esas personas. Les dije que “si he bajado en este semestre 10 kilos fue por mi esfuerzo y no por ustedes”. Se tragaron sus palabras y ahora sólo queda uno de esa bola de 5, y ya el muy culo no me dice nada.
Ahora, sí, embarnecí, pero no he rebotado, y espero no hacerlo. Actualmente peso 71 kilos, soy talla 9 y 34C, y espero mantenerme así. Por esto que acabo de relatar me siento insegura a veces, pero es de las cosas que me dan más orgullo. Por eso no me acostumbro a que me digan cumplidos o piropos, pues me acostumbré a las burlas. Y la verdad ví una vida totalmente diferente estando delgada, y no por superficial, sino por aceptación.
Espero esto les sirva de ejemplo. Es una lección de vida que les brindo, y es difícil relatarlo. Se me salen las lágrimas. Por favor, lo único que me queda decirles es que, si tienen problemas, no hagan pendejadas como las que yo hice alguna vez.
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